Baile prehispánico, tradición y agradecimiento

Dan las 10 de la mañana y las campanas de Catedral suenan a lo largo de la Plaza de la Constitución. En la Ciudad de México, la calidad del aire no era de lo mejor, pero permitía que uno pudiera disfrutar de su fin de semana en las calles de Madero, Donceles y muchas otras más. Sin embargo, hay un grupo de personas que carga cosas poco comunes en sus mochilas. Hoy pudieron haber sido doce, pero mañana podrían ser sólo dos. Nadie sabe de dónde vienen ni cómo fue que llegaron, pero ellos se colocan a un costado del santuario antes mencionado.

iwulzdnq-1251586427-bg

Contraposición. Danzantes, celebración de origen prehispánico frente a la Catedral perteneciente al movimiento que los sometió en la antigüedad. Imagen tomada de: viajeros.com

Van pasando los minutos y los penachos con plumas de halcón, de águila, de faisán y de quetzal (símbolos representantes del poder) son colocados en las cabezas de quienes se dicen ser descendientes de los aztecas. Ellos bailarán para dar gracias a diferentes deidades prehispánicas. Ellos no aprendieron a realizar los pasos en ninguna escuela, sino que se les legaron a través de generaciones.

mictlantecuhtli

Mictlantecuhtli, señor del descanso o del inframundo, equivalente a un Hades (Grecia) o un Anúbis (Egipto). Imágen tomada de: estadosalteradosyeye.blogspot.com

Sus cuerpos son pintados con diferentes símbolos como puntos y rayas a los cuales se les conoce como “glifos”. Éstos tienen diferentes significados tales como el habla o el tiempo. Todos los integrantes se los ponen con una sustancia blanca, incluyendo un hombre que primeramente se pintó todo de negro para parecer un esqueleto o a Mictlantecuhtli, señor del reposo o del inframundo.

Se pone un paliacate en el centro de los danzantes. Sobre él se colocan dos caracolas, canastos hechos de palma, racimos y en medio un sahumador en el que se prende copal tanto para abrir y cerrar la ceremonia, como para purificar a los ahí reunidos.

Todos los asistentes se colocan en su lugar. Hay quienes cogen caracolas y las acercan a su boca. Los sonidos del churo y de los tambores generan vibraciones en el cuerpo de uno. Es un aviso de que algo sucederá. Es el llamado de guerra, pero en esta ocasión marca el inicio del bailable dedicado a los dioses, entre ellos Huitzilopochtli.

El baile inicia con el paso de los “cuatro cargadores” pues éste es imprescindible en cualquier rito. Éste consta en dar una vuelta rápida a la derecha (simbolizando el Sol), otra a la izquierda  (a la luna), dos pasos hacia delante (al agua) y dos hacia atrás (la tierra). El movimiento se termina haciendo una reverencia a los dioses por todo lo que les han otorgado. Sin embargo, a quien se le agradece más es a la tierra, pues es lo que se puede ver a través de las flores y los cestos hechos de palma que permanecen al centro del ritual.

IMG_1773

Movimiento de la serpiente, uno de los tantos pasos que se ejecutan en estos ritos.

La celebración continua con el movimiento de la serpiente, animal que para ellos simboliza la sabiduría y el tiempo (además de ser una referencia más a la madre tierra). Son pasos que van en diagonal. Primero derecho y luego izquierdo. Los pies se levantan poco del suelo. Cuatro adelante y otros cuatro hacia atrás siguiendo la misma técnica. Cascabeles amarrados a los pies nos remiten al sonido de la víbora, misma que se puede apreciar al ver los pies de los danzantes.

Se aproxima el final del baile y las cosas comienzan a cambiar. Comienzan a gritar y las caracolas de nuevo suenan hasta la entrada/salida del metro. Hay una gran cantidad de vueltas hacia la derecha y después a la izquierda. Movimiento aquí y allá. El olor a copal se esparce por todo el lugar y un último grito se escuche y rompe ese espacio que se construyó con todos los pasos que se realizaron por varios minutos. Todos se abrazan y platican entre sí, pero hay quienes piden dinero a los espectadores antes de que se vayan. Sus rostros entristecen cuando a pesar de haber tenido una gran cantidad de público sólo reúnen 30 o 40 pesos.

La tarde continúa y el sol se coloca en el punto más alto del cielo. Huitzilopochtli deja descansar a sus hijos unos instantes antes de comenzar un baile más para ganar más dinero. Los bailes no se hacen por obligación ni se enseñan en una academia, sino se van enseñando generación tras generación con el mismo fin: agradecer a los dioses aztecas por las bendiciones que nos han otorgado.

Nota: Este trabajo lo hice a partir de un trabajo periodístico y una entrevista realizada a uno de los danzantes que están ubicados en el Zócalo, así como el aprendizaje de unos pasos con el entrevistado.

About these ads

Tags: , , , , , , , ,

About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 210 other followers

%d bloggers like this: