Realidades paralelas

Mario Pérez es un señor que vive en el Distrito Federal. Tiene 35 años y una familia con dos hijos. Ambos van en una primaria pública por la mañana, aunque quizá tengan que pasarse a la tarde. Él es empleado en una fábrica y gana el salario mínimo general que indica la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, 64.76 pesos.

   Siempre ve la forma de estirar su sueldo para cumplir las necesidades que su familia necesita, o por los imprevistos que arriban a su vida como la espuma toca  la línea divisoria de la playa y el mar. Por las mañanas trabaja, frecuentemente también por las tardes, y ocasionalmente por las noches para ganar un “dinerito extra”. Eso nunca está de más. Los fines de semana se reúne con sus amigos del trabajo o con la familia de su pareja para disfrutar un rato con sus seres queridos viendo el deporte favorito de los mexicanos: el futbol.

   Para estas reuniones todos aportan algo: Mario trae los refrescos, Juán las fritangas y Luis las chelas. Todo eso porque su dinero no les permite muchas veces gastar en lo que ellos quieren. Incluso en ocasiones tienen que caminar de sus trabajos hasta un lugar donde el camión no les cobre tanto.

   Es 22 de marzo y están ansiosos por el juego de la selección mexicana. A pesar de no ser fin de semana ellos se dieron tiempo para poderlo ver. Empieza el partido y se emocionan por todas las jugadas que hacen. Uno-dos- ¡¡¡GOOOOOL!!! ¡México anota! Las porras para Javier “El Chicharito” Hernández no se hacen esperar. Sin embargo, tiempo después saldrá del juego y lo inevitable sucederá. El juego va transcurriendo y entonces tres minutos, ¡tan sólo tres minutos! son suficientes para que Honduras anote dos goles. El ánimo decae y apagan el televisor…

Regresan a las duchas y comienzan a enjabonar el cuerpo. No están tristes por la derrota ni por la posible victoria. Están como si nada. Un empate, ¡¡total!! Sólo son unas palabras del director y de nuevo todos a sus casas en sus respectivos coches sacados de agencia. Pudieron haber perdido ante Honduras en su tierra, pero ganaron una gran recompensa que puede ser de $2.1 millones al año y eso dependiendo de la persona. Lo suficiente para comprarse un coche, una buena bebida o cualquier otro lujo que se quieran dar… Y no sólo ellos, sino también su Director Técnico que puede ganar 33.6 mdp anualmente, mientras que los árbitros de nuestro país hasta 1,100 dólares por juego. Cosa nada despreciable y “suficiente” para cumplir las necesidades “mínimas” de sus familias.

Extremos, dos características visibles de nuestro país.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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