Venta, fe y tradición

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Cristo de Iztapalapa

Nueve o diez de la mañana de un Viernes Santo. En las calles comenzaban a caminar habitantes de los ocho barrios de Iztapalapa. Joaquín, David  y decenas de niños más vestían las sotanas púrpuras con blanco que representaban los colores de Jesucristo durante su pasión y muerte, que era justamente lo que se recordaba ese día. El olor a incienso bañaba las calles y cada recoveco de la delegación antes mencionada.

En el aire se sentía que el clima sería bastante caluroso durante la mayor parte del mediodía y de la tarde. Los asistentes mordían carnosas y jugosas naranjas mientras avanzaban su recorrido. Una tras otra caía  y una marca quedaba en el suelo por la cáscara que permanecía pegada. Esa gente ingresaba a la “Iglesia del Señor del Santo Sepulcro” para continuar con su procesión, pero el gran viacrucis empezaría presuntamente a las 12 horas…

Alberto buscaba de dónde partiría el viacrucis. Sabía la hora, pero los rumores salían a flote y cuando se le cuestionaba a las autoridades se deformaba la información con mensajes como “Ya tienen dos horas que salieron” o “Van a estar dando vueltas por aquí”.  Por ello, él y sus amistades comenzaron a caminar a través de varias vías como Allende e Hidalgo, pero jamás dieron con el lugar.

“’Churritos’ a 15 y las papas igual o hay de a 12”, decía un vendedor de frituras en la calle. Cinco tacos de pastor por un peso y cuatro sincronizadas por 10 pesos leíase en algunos letreros. Mercado callejero en toda la delegación.  Desde antojitos y garnachas hasta la venta de cualquier bebida sin alcohol se podía encontrar. Las tiendas de abarrotes eran “desalojadas”. Los compradores adquirían Pake-taxos, bolsas de papas Sabritas tamaño familiar, promociones de varios productos Coca-Cola o Pepsi con un regalo especial (una pelota o una gorra). Botellas de refresco y agua no paraban de salir de la tiendita, efectivamente era un día demasiado caluroso.Solidaridad y amor por el prójimo era algo que despertaba en los asistentes, incluso en los policías pues una integrante compraba y repartía refrescos con los menores de edad. No importaba si Cristo aún no estuviese listo para caminar por las calles de Iztapalapa o si siguiera encarcelado, se buscaba la manera de ayudar a los niños para que no sufrieran deshidratación y, si cargaban cruces de diversos pesos (desde 5 hasta 20 kilos aproximadamente), soportaran el recorrido a pie.

Dieron las 12 horas y Cristo aún no salía a pesar de que la cita era a esa hora en el centro de Iztapalapa. Sin embargo no fue hasta las 2:00 pm cuando comenzó la transmisión en vivo de la Pasión de Cristo… justo cuando comienza el noticiero de canal 13.

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Habitantes de Iztapalapa vestidos como nazarenos.

Jesús cargó su cruz minutos después de de las dos de la tarde y la gente que se encontraba reunida comenzó a avanzar detrás de él. Sucedió la primera caída y nubes comenzaron a amenazar el cielo sobre el cual volaban tres helicópteros. La gente seguía avanzando por las diferentes avenidas. A caballo y con trompetas la comitiva se aproximaba al lugar donde Alberto y sus compañeros esperaban ansiosamente la llegada de Cristo.

Segunda caída. El cielo se ponía cada vez más nublado. El aroma a incienso se había esfumado, pero comenzaba a predominar la humedad. Ya no había calor solar, pero sí se sentía un fastuoso calor humano debido a los dos millones y medio de personas que se encontraban ahí.

Victoria limpiando el rostro de Jesús

Verónica limpiando el rostro de Jesús

Adultos predominaban en las calles, pero también se encontraban personas de la tercera edad y varios bebes. El soportar de pie era bastante complicado, pero al jugar con un niño pequeño el dolor pasaba al igual que las horas. Cada minuto que transcurría había un mayor flujo de personas a través de la vía. Policías comenzaron a controlar la situación para que Cristo pudiera pasar por la estrecha avenida Hidalgo. Fue entonces cuando los casos de los caballos comenzaron a hacerse escuchar al igual que las trompetas. La calle se llenó de soldados romanos que escoltaban a Cristo. Una señora llamada Verónica, con lágrimas en los ojos, se acercó y limpió el rostro sudado y ensangrentado de Jesús Flores. Los supuestos latigazos hacían temblar a uno, pero una vez hecho todo eso continuó avanzando y sólo sucedió la crucifixión en el cerro.

Venta de rebanadas de pizza, un tianguis en la zona, etc. De nuevo la vendimia se apoderó de las calles de los ocho barrios de Iztapalapa logrando así el mejor día de ventas del año. Tradición, venta y fe; la combinación que ha logrado que este evento que data desde hace 170 años siga teniendo tanta fuerza en nuestros días.

Aquí el video del año 2012

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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