Metro matutino

¡Saludos mis estimados! En esta ocasión quiero darle este espacio a un compañero para que cuente lo que vive en el transporte público de la Ciudad de México. Así como a él, les hago la invitación a ustedes a que manden sus historias y yo aquí las publico. No importa si está bien o mal elaborada, si gustan yo la puedo redactar (sin dejar de lado su historia). Además, si lo desean, puedo hacer público su nombre o dejarlo en anonimato. Pueden entrar en contacto conmigo en mi cuenta de Twitter (@NestorRv) o a mi correo (nestor_ramirez@comunidad.unam.mx). Les mando un grato saludo y espero sea de su agrado. Si gustan ver otra historia semejante a esta pueden ver la titulada “De Ciudad Azteca al Zócalo”.

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Por Francisco Javier Pérez Sánchez

Como de costumbre salgo un poco tarde de mi casa, pero con el tiempo suficiente para llegar temprano a mi primer clase, así que de manera inmediata abordo el pesero que me llevará a la estación de metro más cercana. No hay prisa.

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En alemán “Schlange” significa serpiente, pero también así se le llama a las filas. Foto tomada de: laprimeraplana.com.mx

Llego a la taquilla y me percato de la inmensa fila que hay, misma a la que estoy predestinado a formarme sólo para comprar un mísero par de boletos, pero la calma hay que mantenerla en alto. Serán un par de minutos que no tienen por qué inquietarme.

Bajo las escaleras hacia el andén y observo de  forma inmediata el gran tumulto de gente que espera el convoy, algo inusual a estas horas. De repente me pregunto si ha tardado mucho en pasar el tren o solamente se le ocurrió a toda la gente intentar dirigirse a sus trabajos y escuelas a la misma hora el día de hoy. Sigo en la espera y a lo lejos se vislumbra al “Gusano Naranja” (metro) acercándose a la estación. Se detiene. Miro con atención y el vagón va repleto y con pocos espacios. Acto seguido, las puertas se cierran conmigo afuera.

Es irreprochable lo que acabo de pasar. De entre la multitud que estaba esperando sólo un tipo extremadamente obeso logró entrar, dejándome con muy pocos minutos de anticipación. Mi remedio: esperar al otro metro, que no tarda mucho en llegar.

De nueva cuenta, a golpes y empujones mi acción tiene su victoria, sin embargo las puertas no se cierran, provocando que muchos incrédulos intenten hacerse un pequeño espacio entre las sardinas que nos hallamos en el vagón.

Por fin empezamos a avanzar, cuando de pronto el bochorno, el apretujamiento y la mezcla de perfumes y lociones se apoderan de mis sentidos, haciendo más pesado el andar del tren.

En la primera parada sucede algo raro. Siento un pellizco en una nalga de una mano que después medio me sabrosea. Intento mirar quién ha sido la persona que me ha hecho eso, pero gracias a la multitud que me rodea, no alcanzo a ver quién ha sido. Cuando sale la gente del vagón y el pasar de una canción a otra en mis audífonos se escucha claro un grito de un señor bien vestido: “¡PINCHE VIEJA! ¡Me sacó la cartera! Todos nos quedamos apantallados por el acontecimiento y de forma intuitiva el reto de los que íbamos cerca de la ratera checamos nuestros bolsillos para ver que no nos hayan quitado nada.

El momento se intensifica un poco porque un sujeto sube con sus bocinas inmensas, pareciendo que nadie los va a escuchar. La “lata de humanos “en la que estoy inmerso se vuelve caótica con el estrafalario ruido de música de buena calidad que trastorna los sentidos a tan alto volumen. ‘Llévese el disco de los “Bitles”, de “De Dors”, de los “Cridens” y de Bob “Marli” ‘. Es imposible escuchar mi propia música. Me doy por vencido.

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Verde, rosa, azul, morada y otros colores más son las líneas que conectan a la ciudad. Imagen tomada de: movimet.com

Llego a Chabacano, Todo se ameniza con la salida de casi la mitad de la gente que había en el vagón. Rápido busco un hueco más amplio porque de inmediato se llena casi como estaba una estación anterior.

Miro a un lado, miro al otro y noto como este trayecto se ha convertido en algo tan monótono para muchos que llevan la mirada perdida en libros, revistas, teléfonos celulares (ya sean de ellos o del vecino de al lado) y otros tantos, incluyéndome, con “tapones de oídos musicales”, que inhiben el contacto y la interacción humana.

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Aunque nadie más debería caber siempre hay una o dos personas que logran subir. ¡Fusión! Foto tomada de: animalpolitico.com

Es un tedio realizar este viaje a diario a sabiendas de siempre resulta aburrido. En ese momento resuena en mis oídos una canción que cuestiona la existencia de Dios y yo me pregunto por qué un ser tan supremo es capaz de castigarnos con un viaje tan horrible que nos lleva a cubrir nuestras responsabilidades.

Salto del Agua. Conexión con línea rosa. De nueva cuenta, un mar de gente abandona el vagón dejando libre el aire y el espacio necesario. Es justo en ese momento que algo llama mi atención. Un bello aroma de una fémina caricia mis sentidos y me obliga a ver a aquella chica hermosa de lindos ojos color miel, cabellera de mechas rubias y castañas y su estatura de aproximadamente un metro sesenta y cinco, que marchó hacia la salida sin oportunidad de volver a verla otra vez en mi vida.

Ya todo va más tranquilo. Con suerte pude agarrar un lugar para irme sentado las próximas tres estaciones y con suerte ningún vendedor se ha subido para ofrecer alguno de sus productos de dudosa procedencia.

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Y por fin… la paz. Foto tomada de: excelsior.com.mx

Bajo en Garibaldi. Salgo disparado para no chocar con el tumulto de personas que viene detrás de mí, que al igual que este pobre narrador, buscan el transbordo a la línea “B”. Tengo en mente que los próximos veinte minutos serán menos insoportables y que de alguna manera podré irme sentado, escuchando música y, si me va bien, poder echarme una “pestañita”. Se aproxima el metro. Lo sé porque siento el airecito estilo “La Rosa de Guadalupe” que golpea ligeramente mis mejillas. Miro al reloj de la estación y me doy cuenta de algo: el tiempo me ha comido. Llegaré tarde a mi clase sólo con la esperanza de que el profe pueda ponerme un retardo o si bien me va toda mi asistencia.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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