Y de pronto el silencio

Las ciudades en México son de gran tamaño, sobre todo su capital que es el Distrito Federal. Eso obliga a las autoridades a brindar una mayor cantidad de servicios de transporte y, por ende, construcción de vías. Todo sería magnífico si hubiera una cultura vial, se respetaran las leyes y demás, pero en nuestro país por desgracia no es así. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en  el año 2011 hubo en total un número de 387 mil 185 accidentes automovilísticos. Aunque son muchos, hubo un descenso en contraste con los que ocurrieron en 2006, que fueron 471 mil 272; de los cuales en uno de ellos yo estuve.

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Miles de accidentes ocurren al año. Puede decrecer el número, pero mientras haya se debe pensar en cuál es el problema y cómo solucionarlo. Imagen tomada de: lasillarota.com

La fecha jamás la voy a olvidar. Fue el 24 de abril de 2006 cuando mi vida cambió en su totalidad. Aún recuerdo que ese día no había sido muy bueno para mí. Yo tenía 14 años e iba a la secundaria. Una etapa difícil para cualquier persona: los cambios de la infancia a la adolescencia, las tareas y trabajos de la secundaria, etc.

Era una persona un poco tímida. Serio en ocasiones pero eso sí, amable. Por azares del destino estuve en una secundaria que al principio pensé que sería lo mejor para mí. En lo académico no era mala pues había maestros que dominaban sus materias. Física, química, matemáticas, los dolores de cabeza en ese nivel no lo eran para mí. Las pocas prácticas que hacíamos eran muy buen complemento y despejaban las dudas que en un principio domaban nuestras mentes. Español… cómo olvidar lo visto en esas clase que me dio el empujón que me faltaba para empezar a escribir.

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Puente de fierro y 1° de mayo, donde una historia terminó y otra comenzó. Una vialidad de alto riesgo si se comete una imprudencia.

No, lo académico no era lo malo. Ni si quiera el olor putrefacto que desprendía el canal que estaba bajo el “Puente de fierro”, el cual aromatizaba la escuela en ocasiones y al medio día. Incluso eso era soportable, pero nunca pensé que lo negativo estaría a menos de 100 metros de distancia.

Fue un día caluroso, de esos que son comunes en primavera. Tuve una mala mañana para mi: no recibí lo que esperaba en una tarea, un trabajo en la materia de arte no me salió nada bien y para colmo me enojé con un compañero. En fin, todas esas cosas que les afectan a los jóvenes. Mi hermano, que iba en la misma escuela, me esperó afuera. Nos despedimos de nuestras amistades y caminamos en dirección a la avenida 1° de mayo. Jamás pensamos que esa podía ser la última vez que viéramos a nuestros amigos.

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Vida. Eso es lo que pasa. Nuestro cuerpo es el vehículo en el cual vamos a nuestra muerte. Imagen tomada de: simbiosisenlared.over-blog.com

Cuando se es joven por lo general no se piensa en la muerte pues lo ve como algo distante. Lo que importa es la vida, la diversión, las amistades, los deberes, pero nunca “la última parada”. Eso fue algo que me pasó a mi. Nunca pensé en que la vida llega a su fin cuando menos lo esperas. Una mañana estás comiendo un plato de cereal y unas horas después tu cuerpo está bañado en sangre por “x” razón.

Ya no sé si mi hermano o yo le hizo la señal al taxi para que parara. Era un señor ya grande. Mi hermano se sentó en el asiento delantero como era costumbre y yo atrás. Por lo general era lo mejor porque me podía acostar o moverme de un lado a otro, izquierda-derecha. El motor rugió para continuar nuestro camino. La luz verde parpadeó. Naturaleza vencida por la mano del hombre. Amarillo solar, cegador, bestial. Entonces por fin llega un rojo, un rojo semejante a los labios de una mujer o como la sangre que brota al tener una herida.

El taxi sigue avanzando por la avenida iluminada por el rojo artificial. Lo único que quiero es llegar a mi casa para dormir, tengo mucho sueño. Mis ojos se cierran, pero no quiero dormir. Veo por la ventanilla derecha para ver por última vez mi escuela cuando de pronto llega el silencio. Un silencio ensordecedor que invade mi mundo y sigue con un lindo sueño pero… ¿¿QUÉ ES ESTO?? ¡NO PUEDO DESPERTAR!

(Continuará)

Fuentes:

http://www.inegi.org.mx/

Experiencia propia

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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