La mano extendida que aplastó a sus hijos

Por Néstor Ramírez Vega

La euforia se pega a las personas cuando se va a un lugar en un momento determinado. Los estadios de futbol, los fines de semana, son un ejemplo de ello, y más cuando es un clásico. Sin embargo, el mundo cibernético del Siglo XXI, sobre todo las redes sociales, han generado un sentimiento similar.

Las marchas del dos de octubre, al menos las últimas tres, habían ocurrido de manera pacífica, sin incidentes… Excepto claro, lo típico: algunos fatigados por el camino bajo el sol azteca, la pinta de postes, vidrios y paredes de edificios con lemas como “2 de octubre no se olvida” o “No + PRIAN” (sic), etc.

Al seguir los pasos de todas esas personas de la tercera edad, pertenecientes al Comité del 68, la temperatura crece y los ánimos se encienden hasta llegar al punto más vibrante, mismo que permite gritar junto a ellos todas las exigencias al gobierno federal.

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“¡La lucha sigue y sigue! ¡2 de octubre! ¡No se olvida!”. Foto: noticias.terra.com.mx

La tradicional llegada al Zócalo capitalino era algo que a muchos les levantaba los ánimos tras la caminata desde la Plaza de las Tres Culturas, a través del Eje Central Lázaro Cárdenas. Incluso, en ocasiones soltaban globos y aplaudían por la llegada. Todo eso, culminaba con los comentarios de los miembros del Comité del 68, quienes aunque estuvieran cansados, con sus barbas grises y cabellos blancos, alborotados por el sudor y la fatiga del camino, decían con convicción cada una de sus palabras.

Un año más ha pasado y nuevamente es dos de octubre. Es el 45 aniversario de la trágica masacre de estudiantes universitarios, y miembros de la sociedad civil, sobre las ruinas prehispánicas de Tlatelolco. Una vez más se escuchan los tambores y pláticas de miles de personas, mismas que van a exigir algo en especial aunque, con la llegada de algunos grupos, las peticiones aumentan, aunque no tengan que ver con la celebración.

La marcha comienza casi una hora después de la hora señalada, como con frecuencia se da en este tipo de eventos multitudinarios. En un comienzo, todo va de acuerdo a lo planeado, sin percances, o al menos no de gravedad, como los que los medios auguran.

El calor es insoportable para muchas personas, más para los niños que acompañan a los adultos, quienes quieren darles una lección de historia y de lucha social a sus hijos. Afortunadamente, nunca falta el carrito con sodas y jugos, o algo de comida corrida, para satisfacer esas necesidades humanas que son vitales e incontrolables en los más pequeños.

Dos de octubre, no se olvida por la forma en que procedió el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. En los últimos años la dolorosa celebración se había realizado con calma, durante los gobiernos panistas, pero esta es la prima vez, después de 12 años, en que la marcha va por las calles gritando sus consignas nuevamente a un gobierno priista.

Es frustrante cuando, por cuestiones de salud, sobre todo si se trata de una pierna, no se puede acompañar durante todo el trayecto a las personas que caminan con un objetivo, un ideal o un sueño, sobre todo si se va en función periodística. Sin embargo, gracias a las redes sociales, y en segundo plano a los medios radio-eléctricos, las personas se pueden informar acerca del movimiento en tiempo real.

Aunque en la Plaza de las Tres Culturas ya se había visto a algunos individuos con tapabocas y ropa negra, así como con accesorios que tenían una letra “A” en el centro de un círculo, era impensable que hubiera enfrentamientos momentos más tarde debido al gran número de policías que se habían mandado a resguardar ciertas zonas.

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El “Bloque negro”, los “anarquistas”. Expuestos en los medios como los extremistas y agresores. Foto: revolucióntrespuntocero.com

La euforia que se siente y crece a lo largo de la marcha, también muestra aumentos cuando se ve la información a través de los medios informativos. A través de la televisión, da una sensación de desinformación, cosas a medias.

Las mismas imágenes una y otra vez, primero hablando acerca del policía que fue agredido por maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), seguido de una nota que señala el apoyo a la lucha magisterial por parte del Comité del 68.

Se podría pensar que la sensación no es la misma, pero la euforia alcanza el mismo nivel que si estuvieras en ese momento. La indignación contra aquellos bándalos que destrozan la vía pública, las tiendas comerciales de cuatro letras, pintan (y con faltas de ortografía) en las vallas o en las paredes; aumenta con cada imagen que se filtra en Internet.

En ellas, aunque sus simpatizantes lo quieran negar, se puede ver cómo fabrican bombas molotov, le hacen frente a los granaderos, arrojan piedras obtenidas a través de golpes al pavimento con tubos, etc.

Imágenes, son lo que abundan en los medios audiovisuales. Fotografías que hacen remontar al espectador a lo sucedido el primero de diciembre, durante la toma de posesión de Peña Nieto: los “anarquistas” peleando con bombas molotov contra los policías, mientras que los manifestantes se quedan en segundo plano, pero sucede eso porque no controlan a los encapuchados y se permite que los medios tradicionales se enfoquen en ellos.

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La primera marcha del 2 de octubre tras el regreso del PRI, con la presencia de personas que llegan a altos niveles de agresividad en ambos bandos. Foto: periodicodigital.com.mx

Una vez más la lucha vuelve a la Ciudad de México. El pavimento nuevamente tiene manchas rojas por las cabezas abiertas y demás extremidades lastimadas ya sea por golpes o explosiones; sin embargo, no se compara con lo sucedido aquella tarde y noche de 1968, cuando los presentes a la Plaza de las Tres Culturas dejaron sus sueños, sus lágrimas y su sangre derramada sobre el pavimento.

La marcha sigue rumbo a Paseo de la Reforma, pero la batalla entre los “anarquistas” y los granaderos continúa a la altura del metrobús y del metro Hidalgo. Tras minutos de incontrolable lucha, los “rebeldes” corren y en el camino algunos son alcanzados, pero no todos. Mientras tanto, la CNTE sigue custodiando su nueva fortaleza en el Monumento a la Revolución. No se mueven, no detienen a los agresores, no hacen nada más que recibir al Comité del 68, igual que en el plantón que hicieron en Reforma, con aplausos.

Policías disfrazados de civiles salen de sus escondites o de los puestos que les asignaron, precisamente para cumplir con la misión de atrapar a presuntos agresores. Quizá lo sean, o es probable que no, pero por lo mientras ya tienen a alguien a quién presentar a los medios, después de que han sido golpeados y ofendidos por simple capricho.

Las cosas se calman y las cifras comienzan a salir a través de distintos medios. Sin embargo, igual que en la información sobre la batalla de los “anarquistas” y los granaderos, donde presuntamente usaron balas de goma estos últimos, así como gases lacrimógenos, los datos son imprecisos.


A pesar de ello, las cifras señalan que decenas de personas fueron atendidas por la Cruz Roja, más de 50 detenidos y los asistentes a la marcha quedaron en el olvido, en segundo plano, a pesar de que en el Ángel de la Independencia volvieron a tener problemas con la policía.

Mientras eso sucedía,  cientos, si no es que miles, de personas estaban cómodamente en su casa o en algún lugar en el cual “pasar el rato”. Ahí, ellos denigraban al movimiento a través de una red social. Es cierto que informan, pero también para desprestigiar.

“#2deOctubrenoseolvida” y “Tlatelolco”, los hashtags más importantes para disfrazarse de intelectual. Algunos comentarios, muy precisos y adecuados a la ocasión, benéficos para difundir y dar a conocer información sobre el caso; pero otros, sólo por pura apariencia: “Se indignan por Tlatelolco pero bien que siguen votando por los mismos” y “Hoy se me hace viernes jajaja, bueno es que mañana no hay clases porque hay MATANZA EN TLATELOLCO” (sic).

Al caer la noche la gente se dispersa y las avenidas van quedando vacías; el metro y demás medios de transporte público se van saturando. Gente va para el norte, el sur, y demás puntos de la ciudad. Las calles duermen y los gritos exigiendo libertad de los presos políticos y que se encarcelen a los responsables del trágico dos de octubre, desaparecen con el movimiento del viento nocturno. Todo queda en calma y silencio, sin contar a los maestros de la CNTE que continúan en sus plantones. La ciudad duerme y los espíritus combativos del 68 regresan a su cementerio, de donde el próximo año se levantarán nuevamente para gritar, frente a Palacio Nacional u otro monumento histórico, ¡dos de octubre, no se olvida! ¡Es de lucha, combativa!

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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