Feria de libros, encuentros y denuncias

Por Néstor Ramírez Vega

El lugar era una vez más la explanada del Zócalo capitalino, donde días antes estuvo el grupo de maestros de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE); gente criticada por las marchas y bloqueos que invadieron por meses la ciudad de México, así como por la cultura higiénica que tuvieron en su plantón, el cual concluyó con la intervención de la policía para el montaje de la fiesta del 15 de septiembre y, posteriormente, para el del centro de acopio para los damnificados por Ingrid y Manuel.

Así de polifacética es la plancha del Zócalo. Un día es el centro de operaciones de la izquierda, al otro un parque de diversiones, después el escenario para un espectáculo o una pista de patinaje sobre hielo… en fin, muchas cosas es la plancha del Zócalo. Sin embargo, del 16 al 25 de octubre ahí se dieron cita los recuerdos de los grandes de la literatura, desde Stephanie Meyer hasta Carlos Fuentes, o de Paulo Coelho a Jorge Luis Borges o Julio Cortázar.

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FIL Zócalo, punto de reunión para más de cien editoriales. Foto: Néstor Ramírez

La Feria Internacional (porque ahora a toda feria le ponen el carácter de internacional) del Libro de la Ciudad de México/Zócalo se estableció donde hace más de un año miles de estudiantes gritaban consignas contra quien fuera el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto. Sin olvidar su presentación en la FIL de Guadalajara, donde no pudo decir tres títulos de libros, ahora Peña Nieto tiene frente a él a su gran temor: los libros.

Durante esta semana y media que la Feria Internacional del Libro (FIL) estuvo en el Zócalo, varios autores tuvieron contacto con sus lectores. Escritores de libros de poesía, teatro, narrativa, ensayo y crítica política, entre otros, acudieron a los diversos foros que se encontraban en la feria. Sin embargo, esos eventos no se cerraron sólo a los adultos y jóvenes, sino también los más pequeños pudieron divertirse ahí. “La bebeteca” era un espacio donde los miembros más chicos de la familia podían divertirse con diferentes actividades.

Ahí, los gritos y el ajetreo eran interminables. Los alaridos de hambre, de calor, de frío y de sed eran lo que más evidenciaba al público que iba dirigida dicha sección, además de las editoriales y libros que se encontraban en su alrededor.

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Foto: Néstor Ramírez

En un pasillo atrás, la gente se juntaba como bancos de peces en búsqueda de plancton o cualquiera que fuese su alimento. La mirada de un joven Cortazar atraía al stand de Santillana. Las antologías de cuentos de Julio Cortazar, Mario Benedetti, Carlos Fuentes y Jorge Luis Borges se podían encontrar ahí, a precios relativamente altos, entre 400 y 500 pesos. Sin embargo, no todas las publicaciones tenían ese costo ya que Rayuela, no la de aniversario, costaba 150, así como algunos de los libros del portugués José Saramago.

La fuerza que aún tiene la palabra impresa en el S. XXI se demuestra en el número de asistentes a la FIL, punto de encuentro para enamorados, amigos, familiares y alguno que otro que no pierde la ilusión de entablar una nueva amistad. Donde además de comprar libros, también se podía conseguir un café, helados, waffles e incluso pan que era elaborado con cacao traído desde Tabasco, según afirman los vendedores.

Fruto bendito que desde los tiempos prehispánicos era consumido por los pueblos mesoamericanos. Aunque en un principio se hacía con agua, y después con leche tras la llegada de los españoles a América, en la FIL se presentaba de ambas formas por la módica cantidad de 10 y 14 pesos respectivamente.

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Café MonteAbuerlo, el mejor lugar para tomar un refrigerio. Foto: Néstor Ramírez

Para las tardes de lluvia infinita el Café MonteAbuelo era la opción para los amigos y parejas que iban a platicar o habían realizado ya sus compras.  Café de olla (con un jarrito de barro, y no de Guadalajara, de regalo), Capuccino y el típico y económico café americano eran algunas de las opciones que se podían conseguir en dicho lugar, así como bocadillos a buen precio.

Sin embargo, ni la lluvia ni el lento tránsito del metro podían evitar que la gente asistiera a las presentaciones de libros y ventas nocturnas que se celebraron en la FIL. Días antes de la inauguración de la feria, Paco Ignacio Taibo II y Fabrizio Mejía, más el último que el primero, convocaron a un bloqueo/trueque de libros ante la entonces negativa del Gobierno del Distrito Federal (GDF) de realizar el evento. Como al final de cuentas sí se llevó a cabo, los escritores dieron sus conferencias, donde convivieron con sus lectores y presentaron sus obras.

En el foro 1,  “La casa de los Carlos. ‘Fuentes, Montemayor y Monsiváis’”, el día 23 se presentó Rafael Loret de Mola con su libro “Despeñadero”. El auditorio provisional se llenó como la mayoría de las ocasiones en que se presentaba un autor. El programa a seguir, en general, era la plática del escritor, la sesión de preguntas y respuestas y, para concluir, la firma de libros.

Ese proceso lo tuvieron que hacer todos los conferencistas asistentes a la FIL, lo que permitió que los lectores se acercaran a sus autores favoritos aunque fuese por unos segundos, mismos que aprovechaban para darle un abrazo, decirle lo que para ellos significaba su obra y por qué no, la típica y moderna foto del momento para el face.

La lluvia y el frío no fueron pretexto para faltar a la Feria del Libro. Desde la mañana hasta la hora del cierre, y hasta las 23 horas en la venta nocturna, los pasillos estaban completamente llenos. Sin embargo, todos tuvieron la oportunidad de llevarse un Galeano, un Stephen King o alguna revista, entre otras cosas, a casa.

Feria del libro santo

En la FIL se podían encontrar toda clase de libros: de superación personal, manuales, guías de estudio, literatura (en general), reportajes, etc. Sin embargo, uno destacaba por su antigüedad, tema, significado en la sociedad moderna y porque, para la mayoría de los asistentes, no era un libro muy ad hoc para la ocasión.

Con unas letras doradas y un fondo negro, sin más arreglos, se encontraba la Biblia en el stand de alguna editorial que escapaba a los ojos de los demás. La gente pasaba de largo y algunos asistentes se burlaban de ella al verla, así como con los libros de Paulo Coelho.

La presencia de la Biblia no era lo único relacionado con la Iglesia católica-cristiana que se encontraba dentro de la feria, sino también se encontraban pequeñas tarjetas de santos y de Jesús. Sin embargo, esos eran los lugares a los que menos acudía gente, además de estar ubicados en los stands de las orillas, los peor ubicados de la feria.

Aunque esos objetos no eran los que predominaban más en la feria, su antítesis, la ideología de izquierda, representa en nuestro país con más fidelidad con La Jornada y Proceso, entre otras editoriales, sí tenía lo que “la derecha necesitaba”, clientes.

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Las invitaciones a leer la Biblia a través de mantas, música y pláticas. Foto: Néstor Ramírez

Mientras tanto, cerca del foro 1 y del asta bandera, se encontraba un señor de piel morena, la cual no se podía decir si era de suciedad o por estar tanto tiempo bajo el sol ya que “estoy aquí desde que Cristo me levantó”, fue lo que dijo el extraño portador de la manta que decía “EL QUE NO HA LEÍDO LA BIBLIA NO HA LEÍDO NADA”.

El extraño portador del mensaje clerical, cuyo nombre se desconoce puesto que él no permitía ninguna conversación, criticaba a algunos de los asistentes, como los compradores y lectores de Despeñadero. “Es muy fácil criticar a los demás; al gobierno y al vecino, pero no te has visto a ti mismo. Por eso lee la Biblia antes que cualquier otra cosa, para que tú te conozcas”, dijo el hombre de la manta.

“Dios no le avienta perlas a los cerdos porque ellos no las pueden comer”, gritaba con frecuencia el individuo de piel morena a un señor que le dijo que su idea era obsoleta, vieja, inservible. “Tu paradigma ya fue roto”, dijo a los cuatro vientos el señor de las gafas, contrincante verbal del extraño de la manta.

La discusión terminó al momento en que ambos se alejaron. El sujeto de la manta en dirección a Catedral y el señor de las gafas por la calle de 20 de noviembre.

Mientras tanto, en la plancha, entrando por la calle de Madero, se encontraba un grupo de cuatro individuos tocando un poco de música y gritando “¡GLORIA A DIOS!”. Fue entonces cuando “Lalo” platica con un joven y dice “te acercaste porque Dios te abrió tu corazón, porque él te estaba hablando”.

“A mí me liberó hace 15 años de las drogas y el alcohol. Yo era muy malo, pero gracias a él y a la biblia pude levantarme”, te invito a que también tú leas la Biblia, para que conozcas el mensaje que tiene para ti nuestro señor.

Es así como culmina la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México. Un lugar de contrastes, pero también de encuentros. Donde no importa tu ideología, nivel educativo o económico, ni tu sexo, sino el interés por la lectura.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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