¿Lectura libre, impuesta o destinada?

Por Néstor Ramírez Vega

Debí tener menos de ocho años cuando mi padre me regaló mis primeros libros. Algunos fueron títulos como Los Viajes de Gulliver y Robinson Crusoe, otros fueron Harry Potter y Las Crónicas de Narnia. Al ser un niño no le tomé importancia a los autores ni al género que fueran, quizá porque mientras me atrapara el libro lo demás no me importaba. Sin embargo, al crecer, mis gustos fueron cambiando. Suele pasar.

Al llegar a la edad de 18 años, después de una década de aquellos libritos con ilustraciones y portadas para niños, llegaron a mis manos títulos como La Sombra del Viento, Ensayo Sobre la Ceguera, Siddharta, etc. Algunos de ellos permanecían en el librero de mi padre y sus títulos me llamaron la atención; otros los encontraba en ferias de libro y algunos más en Donceles. Y claro, no faltaron los impuestos por los profesores.

En la universidad nunca faltan profesores que te obligan a leer un libro y si no lo haces estás reprobado, además de ser señalado con el dedo índice (y algunos, bajita la mano, compañeros principalmente, con el dedo medio). Que te impongan un libro no está mal, puede ser que te guste, o puede pasar que haya algunos que no comprendas ni lo que dice la primera página. Ése fue mi caso.

Era cuarto semestre (o quizá quinto, tengo mala memoria), a mis manos llegó un tal Pedro Páramo. Aunque estaba un poco acostumbrado a lecturas complejas me costó trabajo comprender. Probablemente porque el título no me llamaba la atención, habían puntos en que la lectura me revolvía, y, el más importante, porque la clase no era precisamente literatura. No recuerdo cuál era, pero literatura no.

La profesora no paraba de decirnos, Juan Rulfo es el gran escritor mexicano del Siglo XX. No fue Fuentes ni Paz, fue Juan Rulfo con Pedro Páramo y El Llano en Llamas. Y esa fue la única frase que se me quedó de esa clase porque la repetía una y otra vez. Eso, y nada más. No una razón justificable ni por qué Fuentes o Paz no eran el gran escritor. Sólo decía que Rulfo era el gran escritor mexicano… y claro, breves descripciones sobre el libro y alguna que otra sobre los personajes.

Borges decía “Si Shakespeare les interesa, muy bien; Si Shakespeare les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes, llegará un día en que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes dignos de Shakespeare, pero mientras no hay que apresurar las cosas“.

Años después (gracias a dos grandes amigos [Ixca Cienfuegos {Andrés Galindo} y Edgar Liñán] y a Rosario Castellanos), pude comprender por qué Juan Rulfo es lo que es y su lugar no lo ocupan Fuentes ni Paz. Entre ellas era que aún no era digno (ni él de mi) de Juan Rulfo. Quizá es lo malo de la imposición, acelera tanto las cosas que se olvida de la felicidad de uno, no piensan en que aún no es el momento de la aproximación.

Ni la lectura debe ser tan libre ni tan impuesta. Quizá hace falta que en la academia nos enseñen a escuchar esa voz interior, esa voz suprarreal que desprenden los libros y que hacen que nos acerquemos a los grandes autores. No con el fin de presumir, sino con el fin de encontrarnos a nosotros mismos y de alcanzar, con nuestros propios sentidos, la pureza de nuestros sentimientos.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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