La mujer en el mundo literario

Por Néstor Ramírez Vega

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, el año pasado declaró que el día 25 de cada mes se celebrara el Día Naranja, cuyo fin es la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres. En el mundo de la literatura, las mujeres pasan a segundo plano pues se les suelen considerar la sombra de los autores masculinos.

¿Alguien puede nombrar a más de 10 escritoras mexicanas? ¿Y 10 escritores? A la segunda pregunta se vienen nombres como Ignacio Manuel Altamirano, Carlos Monsiváis, Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Vicente Leñero, Luis Spota, José Emilio Pacheco, etc. Sin embargo, la respuesta a la primera pregunta es más complicada. Elena Garro, Sor Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos, Ángeles Mastretta y la naturalizada Elena Poniatowska son algunos nombres que vienen a la cabeza. Son reconocidas y tienen grandes obras; no obstante, son pocas al lado de los autores mexicanos.

Elena Garro, autora de Los Recuerdos del Porvenir, es reconocida por el valor de su obra y por ser una de las iniciadoras del realismo mágico. Sin embargo, pareciera que ser mujer es una maldición en el mundo de las letras y “ella cometió” dos equivocaciones: 1) “lanzar” (porque los medios manosearon lo que dijo) un comentario contra intelectuales, y señalarlos como presuntos sembradores de ideas comunistas en los jóvenes del 68; 2) casarse con Octavio Paz, ganador del Premio Nobel.

“La Garro”, como se le llamaba, fue comparada con Juan Rulfo por su habilidad literaria. Sin embargo, por ser mujer, no pudo tener el mismo apoyo ni por parte del gobierno, de intelectuales, ni mucho menos de su esposo, Octavio Paz. ¿Quién podría estar arriba del Nobel de Literatura en México? Nadie, mucho menos una mujer. La obra de Elena es eterna, trascendente y, sin embargo, se queda en círculos privados y no de tanto ruido como Carlos Fuentes o los ya mencionados Juan Rulfo y Octavio Paz.

La vida de los escritores no es cosa fácil. La mayoría han tenido qué sufrir para poder crear sus grandes obras y obtener el respaldo de las élites. Sin embargo, cuando se es mujer, el apoyo es menor y los retos más complicados. De eso puede hablarnos claramente Rosario Castellanos en varias de sus obras.

Rosario Castellanos es la principal exponente de la literatura indigenista. En sus libros trató temas como la discriminación contra los indígenas (léase por ejemplo Balún Canán), el proletariado y las mujeres (léase El Eterno Femenino). Sus farsas, sus novelas, sus poemas, todo está impregnado de esa discriminación a la cual son sometidas miles de personas ya sea por su nivel económico, su sexo y su raza.

Castellanos tiene mucha fuerza, pero no la suficiente para competir con sus contemporáneos masculinos, lo mismo que pasa con Garro. Sus aportaciones a la literatura indigenista son sobresalientes, más que se acerca a ellos, a sus costumbres, a sus intereses, a su supervivencia. No los deja morir como muchos otros autores que se centran en los problemas citadinos, sino rescata su cultura del olvido y la incomodidad que les produce a algunas personas.

Los ensayos de Castellanos están llenos de sabiduría y un buen análisis tanto del lenguaje, de la ideología, y de la literatura, como del papel de los escritores y las escritoras en sus respectivas épocas. Sin embargo, hay una persona a la cual recurre en muchas ocasiones. Es su guía, su Beatriz y su Virgilio. Su inspiración es la Fénix de América, la Décima musa: Sor Juana Inés de la Cruz.

La décima musa, inspiradora de tantas mentes brillantes en nuestros días. Es innegable el legado que dejó en el mundo de las letras. Su complejidad, su basto vocabulario, sus reflexiones, sus señalamientos, su voz. Empezando por la dominación del barroco y terminando con los hechos a los que se enfrentó en su vida (discriminación, falsas acusaciones, desprestigio, etc.) La obra de Sor Juana vino a nuestra época como el ave fénix, de sus cenizas renació porque, en su época, no era bien visto que una mujer fuera intelectual. De hecho sólo serían para las labores domésticas, tenían prohibido el acceso a la educación, sobretodo superior.

Sor Juana Inés se enfrenta al patriarcado, al machismo, a la educación llena de andrógenos y penes. Supera a sus contemporáneos a pesar de sus restricciones y los malos tratos. Incluso, la buscan los poseedores del poder por su habilidad. Sin embargo, su obra se hubiese perdido de no ser que fue rescatada por el interés de diversas personas, quienes no dejaran que las llamas de sus alas se extinguieran, aún siendo cenizas.

 

Ser mujer es una verdadera batalla, misma que aún en nuestros días, después poco más de tres siglos del nacimiento de Sor Juana, sigue siendo voraz e interminable. La discriminación es algo que se debe erradicar por completos. Por fortuna se han superado grandes desafíos, sin embargo aún queda mucho por hacer. El Premio Cervantes que recibirá Elena Poniatowska dentro de unos meses es un gran logro, no sólo por su basta obra literaria, sino también porque en el mundo de las letras cada vez se incluye más a la mujer.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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