La diversión en la amistad

Por Néstor Ramírez Vega

Jóvenes saltan y bailan al ritmo del grupo Muévete en la 8va Feria Amor es sin violencia. El pasillo del Altar de la Patria estaba saturado. Adolescentes participaban en los juegos del Injuve y otros se informaban sobre las enfermedades que se pueden adquirir a través del contacto sexual.

El destino de los condones era incierto. Algunos eran guardados en los bolsos de los pantalones, otros eran dejados en algún lugar del Bosque de Chapultepec, y los que tenían menos suerte eran inflados y flotaban sobre las cabezas de los asistentes. “Amar sin violencia es no golpear a la pareja”, dijo un chico de chaleco verde. ¿Cómo violencia física? También la hay psicológica, la cual no es con los golpes, sino con palabras, le contestó su novia.

Playeras, condones y estampas eran regalos que jóvenes del programa Prepa Sí podían obtener, quienes además tienen un depósito entre 500 y 700 pesos mensuales, según su promedio. No se podría llamar despilfarro, pues el fin es noble: reducir el número de embarazos no deseados y evitar los contagios de enfermedades de transmisión sexual.

La amistad y el amor fue lo que brilló en la Feria Amor es sin violencia. La unidad, las risas, las sonrisas, los besos al ritmo de cumbias y salsas. Así de sincera es la amistad y el amor. Siempre se busca el bien de ambas partes. Se hacen cómplices en los secretos más oscuros.

 

Sobre Paseo de la Reforma un señor con gorra roja está tirado sobre la acera. Un vagabundo: ropa sucia, piel llena de mugre, olor pestilente… Un envase de Coca Cola está tirado y aún tiene un poco de sus aguas negras. La gente pasa sin mirar y sin despertarlo. Lo evitan haciéndose a un lado.

 

Un grupo de jóvenes caminan en dirección al Ángel de la Independencia. Todos ellos parecen tener un uniforme: sudaderas con colores claros, lentes oscuros, vaqueros azules. Se detienen frente al hombre tirado sobre Reforma. Se burlan de él. Lo señalan. Entonces dos de ellos sacan sus iPhone y le toman unas fotos. El señor sigue en su sueño, no despierta a pesar de las mofas. Dos de los uniformados se acercan al vagabundo y empiezan a posar para sus amigos, quienes le toman varias fotos con los iPhone.

Los jóvenes se alejaban en dirección al Ángel. El vagabundo se alejaba del chico de gafas con cada paso que daba hacia la glorieta de la palma. En la vida las personas tienen que caminar en ocasiones solas y en otras con compañía. En la soledad es más fácil olvidar un hecho que no se quiera recordar. En la compañía, todos se vuelven cómplices y deciden en qué momento hablar y en cual callar.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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