La otra cara de El Coloso de Santa Úrsula

Por Néstor Ramírez Vega

Desde mediodía los Azulcrema y los Auriazules aparecieron en las calles de la Ciudad de México, pero es en El Coloso de Santa Úrsula donde se reúnen.

Hasta antes de las dos de la tarde impera un ambiente familiar. Niños con su playera del Amé y de los Felinos corren a lo largo de la explanada del Estadio Azteca. Jóvenes y adultos comen en los puestos callejeros. “Los tacos de a 15 y las tortas a 30”, contesta un vendedor de tacos de guisado y tortas de milanesa o pierna.

Un letrero naranja fosforescente atrae la atención de los asistentes al partido: “Tacos de canasta 7×10”. Una completa ganga para quienes saben lo que cuesta una orden, sobre todo si son los de la avenida peatonal Francisco I. Madero, en el Centro Histórico.

“Tacos de penalty”, lo primero que se les ocurre a quienes ven el letrero. Sin embargo, al acercarse a la bicicleta que tiene un canasto y una cubeta uno entiende el porqué del costo.

“Qué tal están” preguntan unos jóvenes a un señor que come unos tacos. Su respuesta es solo una sonrisa con la boca llena de comida. Cada uno de los siete tacos son de aproximadamente 10 centímetros, la cual es la razón del descuento.

Rafael Luna es el nombre del señor que vende, desde hace ocho años, los tacos de canasta. “No sólo los vendo en el (Estadio) Azteca, también voy a otros estadios y hago bajo pedido”. Cada semana gana aproximadamente 2 mil pesos, sin embargo con eso se da por servido.

Rafael comenzó a vender tacos al salir de Alcohólicos Anónimos (AA). “Desde los 25 años tomaba, fumaba marihuana, me metía heroína y cocaína. Mi vida era un desmadre”, afirmó Rafael Luna. Se metió a esos grupos de ayuda porque estaba a punto de perder todo, incluso su familia.

“La gran mayoría de los que estamos (trabajando) aquí hemos pasado por algo similar”, comentó Rafael. Lo puestos forman varios pasillos en la explanada del Estadio Azteca, imposibles de contar debido a la simetría que ofrecen. Varios se pudieron “dedicar a vender drogas, pero lo mejor es tener un trabajo honrado para que menos personas vivan lo que hemos vivido”, contesta el vendedor de tacos de canasta.

La unión entre los comerciantes de la explanada del Estadio Azteca es visible. Un joven corre por los pasillos con un puñado de cinturones y una mochila del América, pero varios comerciantes lo detienen y entregan a los elementos de seguridad pues las cosas que llevaba eran de asistentes al partido.

El sábado resulta ser un día memorable. Los Azulcremas cayeron en su casa ante los Pumas de la UNAM y los comerciantes tuvieron buena venta por el clásico, dinero con el que podrán llegar más honrados y orgullosos de sí mismos a casa.

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About Néstor Ramírez

Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UNAM. Apasionado del periodismo, amante de la literatura, amigo de la naturaleza, estudioso del día a día de la vida en México.

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